viernes, 1 de marzo de 2013
Hora de dormir.
Siempre estando bien, siempre riendo por estupideces hasta llegar a casa, en la soledad de tu cuarto, con los gritos a tu alrededor, el inconformismo de tus padres, tu escuela, tu... Si, tu, tu propio inconformismo, tan solo te sientas y tomas tu computadora, algo de comida, un tanto ligera y empiezas a reflexionar. Un mal día tras otro, nada que esperar de el siguiente.
Hora de dormir.
No tienes sueño, tan solo te pones a mirar hacia el vació, recuerdos, palabras tan solo sentimientos explotan dentro de ti, piensas que puedes ignorarlos pero no es así, sin embargo, tomas tu celular y tratas de distraer tu mente un poco. Ya es tarde, empiezas a llorar, lloras sin una explicación evidente, pero siempre lo hay. Cansada, agotada de gritar en tu interior tomas tus sabanas y las acercas a ti, las sostienes fuertemente como si te aferraras a la vida, un par de lagrimas mas y no recuerdas como fue que conciliaste el sueño. Una nueva mañana, piensas en aquella noche, sin embargo sigues como si nada, nadie se percata de tus lagrimas, tan solo continuas y sigues sonriendo y jamas teniendo nada. Una y otra vez los disgustos no se apartan de tu alma, codicias felicidad pero no la consigues, sigues tratando de alcanzar algo que de a tu vida sentido pero jamas llega, en una rutina de tristeza se convierte ese periodo de vida donde lo pierdes todo, estas solo, así los demás te digan que nunca estuviste solo así te sentiste, solo sin una compañía, después de eso nada es igual, logras verte feliz, no estarlo.
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